El Demonio comienza a dar un discurso que se ve interrumpido por un meteorito que lo aplasta. El gato y el poeta tienen la sospecha de que en realidad se trataba de Dios disfrazado, conjeturando que el verdadero Diablo era el viejo que decía ser Dios. Final.
y me mira, soberbio, y yo, vencido,
tiemblo y tiemblo como nunca en la vida,
ante la horrible imagen sucedida.
Diablo
Dicen de mí que traigo el mal al mundo
que soy el Rey de lo protervo, lo inmundo.
Que compro el alma del que se rebaja
a ganar para siempre en la baraja,
La tierra que pisan -dicen- mis patas,
siembra la fatal contienda que mata.
Mío es el Horror, la Guerra y el Desconsuelo
mas no sólo traigo mal a este suelo:
yo creé el vino que las penas se lleva
y la poesía que las almas eleva.
Que estas palabras no vuelen al viento
y sean ustedes testigos: no miento,
porque, contrario a lo que Dios puede andar
diciendo de mí, sincero es mi cantar,
que se eleva tan hermoso y espantoso
como el propio mundo es majestuoso.
Sin mi presencia el mundo no tendría
movimiento y así imposible sería
nacer, amar, copular, perecer;
por lo tanto, ¿puedo yo merecer
fama injusta como la que me han dado
los hombres, los dioses, el destino y el Hado?
Yo
¡Soberbio discurso se ha despachado!
Gato
¡Silencio! Que el Diablo aún no ha terminado...
Diablo
Exacto, buen gato, has adivinado,
porque extenso discurso he preparado.
Mientras vemos al mundo cocinado
en final que no fue vaticinado,
yo haré un gran discurso sazonado
con la sal de la verdad: ¡Mas cuidado,
quién a este hermoso demonio dorado
escuche, pues quedará obnubilado!
***
Un gigantesco meteoro interrumpe
y lanzando grandes fuegos irrumpe,
al mismísimo Demonio aplastando:
sólo su cola y sus cuernos dejando.
Yo
La tierra tiembla toda y el cielo se cae.
Perro
¡Es el Gran Fin del Mundo que se las trae!
Gato
Yo, que soy inteligente y sabio, dudo:
¿Dios fue el viejo camionero o el cornudo?
Yo
En mi mente quedó igualito nudo.
Y a mí también me pareció que éste,
el último, no era en verdad la Peste,
sino que era el propio Dios, nada menos.
Mas es tarde: la verdad no sabremos.
Perro
Ya no queda nada por preguntar
así que, apachurrados, a esperar.
Gato
El final ya llega, yo ya lo siento...
Yo
¡Se extingue el tiempo! ¡Qué enorme lamento!
Gato
No hay por qué llorar, quizás todo vuelva
a renacer, y el cosmos se resuelva:
quizás vos seas un gato y yo, un humano.
Tranquilo, que no te tiemblen las manos:
sólo es un soplo tibio la muerte.
Yo
¡Será así si nos toca la suerte!
***
Pocas palabras quedan por decir,
y, como el gato pudo predecir,
nos va acariciando una oscuridad
que tiene gran semejanza e igualdad
con muchas cosas: con el mar, el cielo,
el fuego, la nieve, la rosa y el hielo,
con una lejana noche de noviembre,
con un beso en un perdido diciembre...
¡Se mezclan recuerdos y pensamientos,
con las sensaciones, los sentimientos!
¡El Fin del Mundo no es una promesa
sino una gigante y clara certeza!
Y el cielo se abre como un pergamino
y se eclipsa toda ruta y camino,
y ya no quedando más de qué hablar
mi boca para siempre se ha de callar.
FIN DEL CANTO OCTAVO
Y DEL POEMA DEL FIN DEL MUNDO





















































