domingo 8 de noviembre de 2009

La vida (reflexiones de un lunes a la madrugada)

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La vida es un fenómeno muy extraño. A veces estamos tan familiarizados con ella que nos olvidamos de su extrañeza. Eso es algo lógico, después de todo, no nos queda más que aceptarla: ella se desenvuelve frente a nuestros ojos, se desliza entre nuestras orejas y se impregna a nuestra piel.

Mientras escribo esto, imagino a la vida como un delfín sonriente, bermejo y panzón imposible de pescar, como un ciervo blanco que es demasiado rápido para los dientes de los lobos y las magias de los hombres. Hay algunos que creen haber descubierto semejante misterio, pero en realidad no han hecho más que inventarse una ilusión. Clasificar a los vegetales y a los animales con nombres en latín y dividir a la historia en edades no son más que impotentes pretensiones de aferrar la vida. En realidad, la vida va más allá de cualquier teoría, clasificación o regla. Porque a la vida (la verdadera, la que no está ni en los libros ni en los espejismos) le gusta regirse por voluntades y azares que nos superan y no podemos entender. En la vida, quizá la mente más brillante del mundo no es la del tipo que sale en las tapas de las enciclopedias sino la del pobre infeliz que predica con su sombra en algún callejón.

Fueron muchos los amaneceres de domingo y las madrugadas de lunes como éste que me vieron caminando por la calle, pensando en lo terrible que es la vida por carecer de sentido. Sin embargo, con el paso de los días, los meses, los años, me he dado cuenta que la ausencia de sentido es lo mejor que tiene. La vida es fugitiva: está presente y ausente; presente en su esencia y en su desarrollo; ausente y fugitiva en su significado. La vida es un fenómeno que se hace a sí mismo, como el mar inventa olas y el cielo crea nubes: es incontenible, nos supera, nos desborda, dejándonos en su recorrido una colección de recuerdos, de rostros, de sentimientos, de atardeceres, de sabores.

Y por supuesto que la vida es difícil. ¿Cómo no lo va a ser, si se trata de una bestia cuadrúpeda? Es un animal imposible de domar; un potro que, si no corremos, lo terminamos por perder y, si tomamos un atajo para adelantarlo, acaba por atropellarnos. Si tenemos la suerte de poder montarnos en su lomo, nos obliga a agarrarnos muy fuerte de sus crines, ya que no tiene ni riendas ni montura.

Al final, por supuesto, terminaremos cayendo: no podría ser de otra manera, porque la vida seguirá galopando más allá de nuestras fuerzas, de nosotros mismos, más allá del mundo. Y luego de la caída, hechos mierda sobre el barro, quizás nos incorporemos, quizás no, pero en nuestros ojos cansados existirá el brillo de saber que valió la pena aventurarnos como lo hacen esos perros que se juegan la vida en cada semáforo, intentando morder las ruedas de los colectivos; como lo hacen esas gaviotas que, en el placer de rozar con las alas las crestas de las olas, se arriesgan a ser engullidas para siempre.


3 comentarios:

El Angie Cordobés dijo...

hmmm...muy largo

jajaj, nah, mentira
Y tal cual; mas de una noche charlamos sobre el sentido de la vida y de lo que iba o podia pasar, y nos terminamos dando cuenta de que la verdad podia pasar cualquier cosa, y estabamos feliz mas con eso que cuando llegabamos a algo, terminabamos la noche hablando de Poe, o de Arlt, cosas infinitamente mas importantes...
O a lo mejor la vida si tiene un sentido, un sentido sin palabras que no es para nuestras cabezas y que por ahi vas comprendiendo sin entender, ahora que sos familiar de los perros suicidas, jajaja
O quien te dice, a lo mejor se trata de ser valiente nada mas, o todas las cosas anteriores, o ninguna, quien te dice...

(no fue tan feliz el post, pero si casi bastante feliz)

Anónimo dijo...

si pudiéramos recordar estas palabras por el resto de nuetras vidas, entonces seríamos felices seguramente

y no soy una minita, hijo de puta, soy yo pero me da paja loguearme o poner cualquier tipo de dato..

Kadysha dijo...

He de decir que la imagen del perro lastrandose las llantas lo resume todo...

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